¡Están locos estos romanos!

tocado-cesar

El César, la más alta dignidad en la sociedad política romana, llevaba tocado. Y no es que estuviese preparándole el terreno a Billy Wilder y su “Con faldas y a lo loco”, sino que con ello pretendía simbolizar que había sido elegido por los mismísimos dioses. ¿Qué digo, elegido? ¡Él era un dios en sí mismo! Poco tenía que ver, eso sí, su tocado con las excentricidades que los siglos venideros habrían de depararnos. Hojas de laurel engarzadas y a otra cosa, mariposa. El laurel, ese árbol aromático del que solemos echar mano para aderezar las lentejas con chorizo. Esa especie sin gracia ni salero que por no tener no tiene ni flores como Dios (o la Madre Naturaleza) manda.

Los romanos, en un derroche de imaginación que ni Lady Gaga en los VMA, se propusieron dignificarlo. Para conseguirlo, lo transformaron en símbolo de la sabiduría divina. Todo un fetiche. De ahí a ocupar la cabeza del mandamás en forma de tocado solo había un paso. Con él, el César todopoderoso irradiaba esa modesta sencillez propia de quien se sabe en la cresta de la ola. ¿Calvo? ¿Con entradas? ¡Como para atreverse a criticar el estilismo capilar del hombre más poderoso del Orbe estaba la cosa! A los leones del Circo Máximo lo habrían arrojado.

Foto:: weheartit.com

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