Con la Iglesia hemos topado

esqueletos-martires

“Vive deprisa, muere joven para dejar un cadáver bonito“. Al menos ésa era la teoría de James Dean, formulada con sabor a epitafio.

Sin embargo, parece que no fue él el primero en pensarlo. Allá por el siglo XVII, la Iglesia ya se había puesto manos a la obra en eso de enlucir el tránsito final. Que si un rubí por aquí, que si algo más de oro por allá y hasta el más contrahecho de los esqueletos quedaba listo para triunfar en el Más Allá -o en el Más Acá-. Eso sí, los ornamentos estaban reservados para los fieles VIP, que no se hizo la tiara para la cabeza del asno. Supuestos esqueletos de mártires romanos fueron exportados allén de los Alpes para frenar el avance del luteranismo a golpe de joyón deslumbrante.

Contrarreforma, ¡bendita excusa para la corruptela!

Foto: weheartit.com

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