Somos de colores (como nuestros corazones)

corazones-naufragos

El arte callejero, precisamente por estar fuera de los circuitos académicos, no atiende a razones, soportes o interpretaciones. Un muro de cemento, los adoquines del pavimento, una azotea en pleno Marais o la caja de un portero automático son igual de customizables. Ahí reside el carácter eminentemente irreverente del street art. No solo desafía a las instituciones y al canon que éstas establecen. Desafía a nuestra inteligencia, a nuestra sensibilidad, a nuestra mirada.

Allí donde nuestro ojo adormecido se espera cristal, madera, teclas de aluminio, voces metálicas, de repente nos vemos aguijonados por un pequeño mural en un portal aséptico, clínicamente diseñado. Una copa de vino y una botella medio vacía. O medio llena. Y corazones, muchos corazones. Tantos que ni tan siquiera nos apetece contarlos. Quizás porque la sonrisa que han hecho aflorar en nuestros labios ya nos basta para que nuestra fría mañana parezca un poco más templada. ¡Bendito arte sin parte!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s