Pelos rebeldes: al servicio de la liberación femenina

La función del peinado en el feminismo

I want YOU for my women’s army.

El feminismo no implica necesariamente adoptar una actitud combativa explícita. Siguiendo a la profesora Margaret R. Higonnet, podría decirse que allá donde exista lucidez suficiente para percibir las desigualdades no biológicas entre el hombre y la mujer habrá un germen de pensamiento feminista.

Ahora que grupos militantes como Femen han tomado la delantera (si se me permite el involuntario juego de palabras), queda más patente que nunca lo necesario de una pedagogía orientada a la corrección de estigmas, estereotipos y artificios enquistados en la mentalidad tradicional. Lo diferente no debiera ser fuente de conflicto y temor, sino de curiosidad y fascinación. La lucha de las mujeres siempre ha sido un punto tangencial en un combate más amplio: a favor de los derechos civiles, en contra de la discriminación racial, por las minorías étnicas y religiosas…

Una sociedad misógina es un círculo empobrecido y sordo. Pero la solución no pasa en modo alguno por cuotas de participación femenina en los estamentos de poder. Las mujeres no son valores volubles que coticen al alza o a la baja en el mercado financiero. Es necesario arrancar de raíz el poso paternalista y reaccionario de la educación que todavía se da a nuestr@s niñ@s, legislar en favor de la igualdad real y no de una ilusión infumable. Ellas deben contar con voz propia para opinar, decidir y reclamar. En ello se basa el juego democrático. Demostremos que nos hemos aprendido la lección.

Y, mientras tanto, recuperemos viejos carteles de Entreguerras en los que exaltaba el papel femenino en la movilización bélica. Qué lejos quedaba ya para ellas la languidez victoriana, con sus figurines etéreos y su poso de melancolía. Pañuelo de faena en ristre, pelo alborotado y mejillas sonrosadas, se mostraban preparadas para entrar en acción. Los conflictos crearon una imagen de la mujer fuerte, combativa, decidida y –por desgracia- embrutecida. No parecía haber –ni hay- punto intermedio entre ambos caminos. La polarización femenina (mujer o amante, sumisa o puta, etc.) seguirá pendiendo cual espada de Damocles sobre el próximo 8 de marzo.

Foto: weheartit.com

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