Vida y obra de un piojo dickensiano

Fantasía en tiempos de Charles Dickens

“¿Pero vuesas mercedes lo han visto bien? ¡Quién pudiere resistirse a tamaña belleza, a esa tez de porcelana y mirar desafiante! Mi pesar es hondo al no poder hallar palabras que describan mi sentir por el caballero del retrato. Mis ojos se posaron en él hace dos semanas y desde ese preciso instante no he tenido consuelo. Cómo llegarme a él es un sueño que acaricio cada día desde entonces. Mas no he topado solución por el momento.

El deseo apremia y consume mi tierno espíritu. ¡Oh! Nunca podré alcanzarlo. ¡Qué no hiciere por verlo de cerca! Presto estoy al sacrificio. Si tan solo no fuese una insignificante liendre…”

 

Así se debatía un pobre piojo en la cabeza de una escuálida cerillera en una esquina de Piccadilly Circus. Atardecía en Londres y los faroles crepitaban, haciendo que las sombras de noviembre se proyectasen sobre las pocas luces que a algunos les quedaban. Escuálido y hambriento, el parásito observaba con ojos llenos de deseo la lustrosa cabellera de Pip. Estamos en Grandes esperanzas, sí. Esto es la cara b de Dickens. No solo héroes miserables y pérfidos tiranos vivían en la Inglaterra de aquel tiempo.

Foto: weheartit.com

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