Este no es blog de moda y estilo

Significado e interpretación del tocado

Nuestra ropa es una declaración de intenciones, le pese a quien le pese. No solo dice si somos más del high street o del high end, si de Zara o de Mango, de mercadillo o de rebajas de julio. No. Las prendas que elegimos, por mucho que frunzamos el ceño ante la mera idea de conferirles la más mínima importancia, hablan de nosotros. Te guste o no te guste la moda –ya sea desde el punto de vista artístico o puramente mercantil-, has de pasar por su aro. Y con ello me refiero a algo tan obvio como que en nuestra sociedad la desnudez no tiene cabida en la esfera de lo público más allá de áreas acotadas como determinados clubes de variedades o playas y parques nudistas.

Partiendo de esa base, con cada elección que realizamos en relación a nuestro vestuario vamos trazando un caminito de tiza. Digo de tiza porque ésta siempre puede borrarse con un trapo para darle un nuevo aire al dibujo si no estamos contentos con él o, en caso de que éste se haya ido difuminando, repasarlo y hacerlo más visible. Como en nuestras perchas, hay tizas de distintos colores, texturas, grosores y marcas.

Odias a Alexa Chung, los cánones de belleza te parecen la antítesis de lo que deberían ser, te enerva que la gente profese la religión de Amancio  y que se gaste lo que no tiene con tal de encajar en el puzle. O puede que tú seas de l@s que creen que en el principio estaba la Moda y no la Palabra. Y la Moda estaba ante Dior y Dior era la Moda. Te divierte comprar, combinar, reusar, explorar y disfrazarte según la ocasión. A lo mejor es que te hace sentir bien cuidar los detalles: ropa limpia y olorosa, no necesariamente  nueva pero desde luego nunca harapienta, mezclada con una cierta armonía y equilibrio. Pasas desapercibid@, eres un@ más en la marabunta que cada día sale a las calles. Aún así, te sientes cómod@, a gusto en tu piel. Precisamente porque no buscas destacar, sino la simplicidad de lo auténtico.

Seas quien seas, tus vaqueros te delatan. Tus complementos, a menudo te traicionan.

¿Qué significa, pues, ceñirse un tocado? Nada, a priori. Todo, si aplicamos la lógica de la sociología del vestir.

Un tocado no es un accesorio aséptico ni mucho menos. Ninguno lo es. Como tantas otras prendas, ha evolucionado con el tiempo. A día de hoy es más un elemento inclusivo que exclusivo. Hasta el chino Hu- Shui que vende en la esquina de tu calle les dedica una sección en su bazar. Una mujer con un tocado tiene una idea bastante clara de lo que es  la elegancia. Ha visto probablemente decenas de imágenes de invitadas a ceremonias glamurosas unidas por un denominador común: un adorno destacado en el pelo. Pero no nos engañemos, el hábito no hace al monje. Un tocado no es una barita mágica del buen gusto. Puede ser la guinda del pastel o el naipe que se cargue el castillo. De la misma forma, no solo existen modelos sobrios con una arquitectura más o menos predeterminada. Una diadema es un laboratorio de pruebas; una peineta, una probeta de mezclas. Descubre cuál es el que mejor se adapta a ti. Y luego, si quieres, rebélate contra la dictadura de la moda. Eso sí, primero deja que un tocado ponga una sonrisa en tu carta de presentación.

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