De cómo nació el tocado. Ficción I

Historia de un tocado

Se cansó de su vida. Aquella mañana el sombrerito de paja se atrevió a decir en voz alta lo que tantas veces había mascullado: “ojalá pudiera pasarme al otro sexo”. Curioso que era.

El mago sombrerero, que escuchaba atento sus pensamientos, se puso manos a la obra. ¡Pobre canotier!  Al día siguiente amaneció recortado sobre la mesa del taller, sin su ala. Había perdido hasta su linda cinta, la que lo ceñía con la tibieza de una hermana. De su antiguo ser no quedaba más que un simple círculo de rafia, más o menos regular.

Se agazapó en el canasto en que lo habían depositado, repentinamente agitado por un miedo desconocido. El caos del mundo exterior por primera vez le hacía sentirse vulnerable. Temblaba como un junco. Necesitaba protección, sujeción, agarre.

A mediodía el artesano lo tomó de nuevo, asiéndolo con cuidado. Lo llevó a la mesa de trabajo y le presentó a la que había de ser el gran amor de su vida: la diadema. Juntos estaban destinados a criar plumas, tules, redecillas y lazos. Recorrieron medio mundo con mujeres excepcionales de la mano.

La nostalgia del canotier quedó así reparada.

Fin de la historia.

Foto: weheartit.com

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