Un paseo en el jardín de las delicias

Vegetación como fuente de inspiración

“¿Alguna vez has sentido asco y placer al mismo tiempo?”, dijo el viejo profesor.

“Cada noche al acostarme contigo”, pensó el chico. “Sí, supongo que sí”, reconoció en tono críptico tras unos instantes de silencio. Su boca se hizo una línea, expectante. De nuevo era incapaz de predecir adónde iría a parar aquella conversación.

Complacido, su mentor se dispuso a retomar su perorata. Una nueva lección magistral se adivinaba en el horizonte.

“El jardín de las delicias” de El Bosco es un canto al placer más sórdido, a la lujuria de los sentidos. El Bosco fue el primer surrealista. Quien crea que André Breton fue el padre de la criatura, no sabe bien lo que dice. Dalí está en El Bosco. Magritte. La modernidad es siempre vieja. El cansancio de la juventud solo puede aliviarlo la pomada de lo primigenio, lo sazonado, lo maduro y olvidado.

Y al decir esto su mirada quedó prendida de un punto imaginario, X, en la pared de la sala de juntas.

La verdad de su relación acababa de serle revelada.

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