El niño que no inspiraba ternura

Graffiti de una comadreja

Le gustan las comadrejas porque son malas. Es un niño sádico.

Disfruta con el dolor, ya sea propio o ajeno.

Se esconde y se golpea con cualquier cosa que encuentre: una piedra, un palo, un alambre o un cable. Sabe hacerlo tan bien que casi nadie lo ha notado.

Solo su madre lo sabe.

Y llora, llora, llora. Desconsolada.

Ella que siempre había soñado con un bebé de catálogo, un muñequito dulce que diese un giro a su vida.

Ha parido un demonio, de eso no le cabe ninguna duda.

Su niño comadreja, su niño perverso y malvado.

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