La Gioconda y el alisado japonés

La Gioconda sigue haciendo correr ríos de tinta

Leonardo da Vinci fue un visionario. No; un vidente, no. Vi-sio-na-rio. Cartas del tarot y bolas de cristal a él. ¡Ja!

Sus cuadernos están plagados de bocetos de secciones anatómicas que todavía hoy podrían sacarle los colores a Johannes Sobotta y su mamotreto para futur@s médic@s. ¿Y qué decir de sus prototipos de máquinas de vuelo y… de guerra? Su mente ideó artilugios que necesitaron más de trescientos años de desarrollo técnico y humano para hacerse realidad. Imaginó, vio, ideó, proyectó, avanzó sin descanso y en solitario.

A pesar de haber documentado abundantemente un número infinito de hallazgos en terrenos dispares, Leonardo da Vinci tuvo también sus secretitos. Dicen los estudiosos que al genio italiano le gustaba jugar. Bueno, no exactamente. Sus pinturas, por ejemplo, contendrían claves secretas que solo un espectador instruido podría detectar y decodificar. ¿Os suena a Dan Brown? Pues eso.

La calculada androginia de San Juan, la geometría en las composiciones o sus paisajes han hecho correr ríos de tinta. Y qué decir de “La Gioconda”. La identidad del modelo, su sexualidad, su posición social, su relación con el intelectual humanista, el motivo del retrato y hasta la pose han sido objeto de sesudo debate. Sin ningún pudor, se ha recorrido cada milímetro de su piel en busca de una nueva pista que mantenga vivas las ascuas del mismo.

Lisa Gherardini (Florencia, 1479) está triste. Intenta sonreír para Leonardo pero solo porque el pintor está siendo muy amable con ella. Su marido ha insistido en que se deje retratar. Ella no quiere. Desde su último parto su piel ha perdido brillo. Tiene el pelo quebradizo y más rebelde que nunca. Una joven criada le ha hablado de una pócima para volver a lucir su melena de siempre. Que mezcle vino agrio con cuajada y unas gotas de aceite de oliva. La noche anterior se ha aplicado la máscara antes de irse a dormir con la esperanza dibujada en el rostro. Esa mañana apenas nota ningún cambio. Huele muy bien. Su cuero cabelludo resplandece hasta que su doncella se lo aclara. Sigue apagado. Y Leonardo ya ha llegado.

Su esperanza ha durado lo que un sueño. La criada se acerca con el peine y la tenacilla. Posará con el pelo suelo y la raya al centro. Liso, muy liso y pegado al cráneo hasta que las puntas deciden rebelarse. Poco o nada puede hacer por mejorar su aspecto. Ni el velo salvará el resultado.

Lisa hace un mohín al percibir la mirada escrutadora de  Da Vinci. Se siente frustrada. Si es así como han de recordarla…

¿Y si La Gioconda no fuese más que la primera víctima de los remedios infalibles para el pelo? Fans del alisado japonés, hacedla una de l@s vuestr@s.

Anuncios

5 comments

    1. No sabes la alegría que me da leer comentarios como los tuyos. Éste es un blog sin pretensiones, hecho para mí y para quien quiera leerme. Solo espero seguir entreteniéndote con mis mini-historias.

      ¡Un saludo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s