En busca del erotismo perdido

El lazo en el pelo, moda entre mujeres maduras

Brigitte Bardot siempre será esa mujer de póster, de calendario refinado que tanto gustaba a los señoritos como a los que veían sus películas en el teleclub del barrio. Su belleza es la de las grandes divas sesenteras: sencilla, rotunda, curvilínea, sugerente y pícara. En un mundo que caminaba del gris al arcoíris del ’68, su melena rubia se convirtió en el faro de miles y miles de fantasías. Destilaba inocencia. Voluptuosa inocencia.

Un lazo en el pelo de una mujer adulta. Una coleta juguetona. Su sensualidad nació del décalage entre edad y apariencia, entre estatus e imagen, entre razón e imaginación.

Hoy el trampantojo erótico revive gracias a Pamela Anderson. Vestida como una aspirante al Tea Party, un enorme lazo negro en su aséptica melenita de niña de parvulario ha vuelto a hacer de ella el sujeto –que no objeto- de deseo por excelencia. ¿Es un crespón en señal de duelo por su exuberancia sobreexplotada? ¿Es un cuervo agorero que su final adelanta? Puede que no sea más que un parte del atrezo de ese gran teatro del mundo que son las revistas de estilo y faranduleo.

Wendy no quiere crecer. Wendy quiere seguir encandilando.

Perdona, bonita, pero BB ya lo hizo primero.

Foto: weheartit.com

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