Érase un cráneo a una melena pegado

La cara B de John Lennon

Poco a poco, con la paciencia de una hormiguita, fue puliendo su aspecto. O más bien todo lo contrario. Cambiándolo, en todo caso. Había dejado de reconocerse en el tipo del espejo del cuarto de baño. Evitaba su propia mirada, fruncía el ceño ante su cara de burgués impecable.

No quería ser como Paul, aquel chulo insoportable. Y qué si era guapo. A él las mujeres nunca le habían faltado. Ahora ya había dejado de buscarlas.

El pasado le agotaba. Se había cansado del personaje que todos creían conocer, juzgar, querer.

Odiaba a su barbero. A cualquier barbero.

Dejó de cortarse el pelo.

Dejó de afeitarse la barba.

Salvaje, agreste, rudo, sentía que al fin se había encontrado.

No era un niño bueno; tampoco un chalado.

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