La horquilla de la abuela

Las horquillas del pelo y sus múltiples usos

Pepa fue una niña de la guerra. La Guerra. Era hija de madre soltera y su abuelo era ya mayor para ser llamado a filas, por lo que la miseria del frente le quedó lejos. Vivió otra muy distinta, siempre dolorosa, en la retaguardia. Tanto abuso, tanta amenaza entre vecinos, tanta crueldad en nombre de una causa.

Aprendió pronto a callar, a mirar al suelo, a hacer como si nada. El silencio se le enquistó en la garganta. “Dicen que a aquél lo han venido a buscar”. “Shhh, de eso no se habla”.

Pepa es la abuela. Mi abuela. Yo le pido que me cuente pero ella se queda callada. Aprieta los labios con fuerza como si temiera que una palabra traidora se le escapara.

Nunca tira la comida. Siempre guarda para más tarde. Reza con un fervor ciego por almas desconocidas. Tiene miedo del progreso y en su mirada se lee la desconfianza.

Está preparada para volver a pasar hambre, para defendernos si hace falta.

En su bolsillo derecho guarda un rosario bendito de cuentas nacaradas. En el izquierdo, un arma. Siempre lleva consigo una horquilla heredada. En caso de necesidad, dice, puede herir como una daga.

La abuela y sus teorías. Es una ninja de la posguerra. Una hija de la libertad truncada.

Foto: weheartit.com

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