La historia del hombre que no quería hacer la colada*

Un graffiti puede tornarse en recordatorio para perezosos

– Pero que yo no sé hacerlo, Pilar. Acuérdate de cuando le lavé el culo a la niña y le eché sales de baño en lugar de polvos de talco.

– Oye, Miguel, que no me torees. No tengo tiempo para poner la dichosa lavadora, así que lo haces tú cuando tengas un minuto. Venga, voy tirando ya.

– ¿En serio me vas a dejar con todo el fregado encima?

– Y vuelta la burra al trigo. Te he seleccionado el programa, puesto el suavizante y el detergente en el cajón de la lavadora. No creo yo que vayas a morirte por darle al botón de encendido. Cuélgala al terminar, que no quiero que coja olores.

–  La limpieza no es lo mío.

– Ah, ¿y es lo mío?

 

*Y de cuando el hada de la limpieza apareció para castigarle.

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