Péinate para el escándalo, Wallis

Wallis Simpson, esa mujer que hizo tambalear Inglaterra

Wallis Simpson solía decir que una mujer nunca está lo suficientemente delgada ni tiene suficientes joyas.

Hija de su tiempo, la divorciada más célebre de la alta sociedad del siglo XX antes de que Diana Spencer le robara el calor de los focos disfrutó de una amarga existencia almibarada. Rechazada por su familia política, despreciada por un entorno que no veía en ella más que a una advenediza yanqui, llevó hasta sus últimas consecuencias un affaire que duró demasiado. El Duque y sus tendencias masoquistas. La Duquesa arribista. El agua y el aceite. Dos imanes de igual polaridad. Siempre rondándose, nunca tocándose.

W.S., la llamó Madonna. Sus críticos no fueron tan benévolos.

Lució Cartier como nadie. Vistió de alta costura como muchas. Si Coco se empeñaba en calarse su sombrero cloche, Simpson ordenaba su cabello en recogidos sencillos. Raya al centro, ondas al agua, exóticas coronas de flores de vez en cuando. Ni rastro de los tocados de rigor de las damas de alcurnia. ¿Quién necesita peinarse cuando lleva un broche de infinitos quilates prendido de la solapa?

Eduardo VIII dio su reino por un caballo. Simpson vendió su alma al diablo.

Foto: weheartit.com

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