Cabeza de calabaza no sabe coser

El estigma de ser pelirrojo y otros males

Estamos en 1969. Instituto Femenino “Virgen del Carmen”. A media mañana, una clase de Hogar se imparte en la tercera planta del edificio principal. Veinticinco señoritas atienden –entre la resignación y la más viva admiración- a la explicación práctica de Doña Mercedes.

Por lo bajo, en la tercera fila, se oye una letanía incesante:

“Cabeza de calabaza no tiene ropa.

Cabeza de calabaza es fea.

Cabeza de calabaza huele mal.

Cabeza de calabaza es tonta.

Cabeza de calabaza, cabeza de calabaza, cabeza de calabaza…

Cabeza de calabaza no sabe coser”.

Acostumbrada a recibir humillaciones diarias, Dalia mantiene la vista fija en el encerado. Solo la última frase le hace inmutarse. Da un respingo casi imperceptible en su silla y se muerde la cara interna de la mejilla. Eso no. Eso no se le dice a la hija de una costurera.

Foto: weheartit.com

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