Pamela Lollipop goes to Hollywood

Un diamante sin pulir llega a la meca del cine

No podía dejar de tamborilear en el reposabrazos de su asiento. Trum, trum, trum, trum. Y mientras en su cabeza todavía resonaban las advertencias de su madre, sentía en la boca del estómago un pellizco de emoción. Iba a ser una estrella. Llevaba años haciendo producciones menores, trabajando en sus pequeños guiones al llegar a casa después de horas repitiendo estúpidos eslóganes para anuncios que nadie recordaría. Pero Dolores García había quedado atrás en la puerta de embarque. Bienvenida, Pamela Lollipop. Su nuevo agente le había recomendado buscarse un stage name, por supuesto. Algo que tuviese sonoridad, que fuese sencillo y divertido. Un nombre de guerra, porque a dar guerra era a lo que ella debía aspirar en Hollywood. Pamela Lollipop no la convencía demasiado. Sonaba descarado, como a cabaretera del tres al cuarto. ¿No? Pero un agente es un agente y su palabra es la ley. Y éste parecía bueno, incluso muy bueno. En tan solo unos meses, ya le había conseguido una audición en Los Ángeles. Sin pedirle nada a cambio. Aparte de un tanto por ciento sobre sus futuros ingresos y otras comisiones de representación que habían aparecido a última hora en el contrato. Ninguna insinuación. Las manos bien a la vista.

A lo mejor esta vez sí tenía suerte. Pamela Lollipop la esperaba en la otra orilla.

Foto: weheartit.com

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