El niño pera y la gomina mágica

Aventuras y desventuras de un pijo

Quiere un espejo y lo quiere ahora. Ya.

Desde la cabecera de las escaleras, su voz suena a urgencia innegociable.

Y mientras él se muerde la cara interna de la mejilla intentando controlar sus nervios, alguien en la planta baja se levanta con parsimonia y deja un periódico sobre la mesita de té.  

Demonio de niño. Quién me mandaría a mí.

Arrastrando los pies por el pasillo de caoba, se encamina hacia el piso de arriba mientras reza para que esta vez no sea nada. Que chille porque quiere salir a jugar al jardín sin el anorak nuevo que le han comprado, porque su hermana le ha quitado las ceras de colorear o porque no consigue atarse él solo los cordones de los zapatos.

Pero no es un niño cualquiera. Es un tirano de 1,35.

Lo han mimado, encumbrado, manipulado, desnortado. Y ahora le toca a ella recoger los pedazos.

– Espejito, espejito mágico, ¿quién es el niño más guapo de esta tierra?

– Tú, Alfonsito, pero mucho ojo con la gomina. Los niños pera ya no son lo que eran.

Palabra de niñera. Amén.

Foto: weheartit.com

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