¿Y a ti qué te importa si llevo peluca?

Prejuicios modernos en torno a las pelucas

El pelo postizo tiene la capacidad de atracción de un faro en la niebla. Es como el neón en Las Vegas: extrañamente luminoso, no demasiado natural y –muy a menudo- cegador. De ahí que nuestros ojos no puedan evitar trazar su trayectoria a medida que esa persona con la que acabamos de cruzarnos en la calle se aleja de nosotros. Las pelucas son hipnóticas.

Como si de una de esas puertas en las películas de serie B en las que un keep out no hace más que empujar a los protagonistas a husmear donde nadie les llama, el postizo nos invita a buscar una razón para su existencia. De dónde viene. Adónde va. ¿Es por simple coquetería? ¿O es un intento desesperado de ahuyentar la cruel calvicie? Y puede que solo entonces reparemos en la piel despejada, un tanto pálida, de ese rostro que ni tan siquiera ha reparado en nuestra insana curiosidad. Oh. Qué lástima. Es cáncer. Y con una mueca de pesar, pasamos a otra cosa.

Pero entonces detectamos a ese hombre regordete que se bambolea a tres metros de nosotros, y su agitada respiración de asmático. ¿Cómo no ver ese trozo de pseudo-moqueta que lleva en la coronilla? La raya se le ha torcido, probablemente en su intento por llegar a tiempo a alguna parte. Cruzamos los dedos para que un repentino vendaval nos azote y se lleve por delante su peluca. Qué más da si su autoestima queda luego a la altura del betún. Como gag de comedia  no tendría precio.

Beyonce no tiene esos problemas. Todo el mundo sabe que usa tantas pelucas que ni Jay-Z recuerda ya qué aspecto tiene su pelo original. Pero nadie la ridiculiza. Nadie querría usarla como diana de sus dardos envenenados. Nadie piensa que a lo mejor usa pelucas porque sueña con tener el pelo liso como una tabla y le cuesta aceptarse tal y como es.

Estamos demasiado ocupad@s lidiando con el gran misterio del pelo postizo. Entre la pena y la risa, el entretenimiento parece asegurado.

Foto: weheartit.com

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2 comments

    1. ¡Hola!

      Uhmm… Si no me equivoco, es a eso a lo que va referido el segundo párrafo. Tienes razón, todo el cariño y el apoyo que se les pueda dar a l@s enferm@s es poco.

      🙂

      P.D.: ¡Gracias por tu comentario!

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