Pelopincho no quiere llevar gafas

Complejos al estilo punk

Vivía en su calle un punk de libro. A veces le gustaba imaginárselo con una libretita de notas, destartalada y descolorida, haciendo un repaso rápido a todos los atributos propios de la tribu. Por aquello de no dejarse ninguno en el tintero, no fueran sus colegas a pensar que era un impostor. ¿Cresta almidonada? Hecho. ¿Pantalones de tartán? Listos. ¿Bomber de segunda mano? Que no falte.

Trabajaba en la tienda de vinilos que había Santa Ana; todo muy punk.

No tenía coche, cosa de gente acomodada. Él querría estar del lado de los obreros, faltaría más.

Y, de repente, un día lo vio pasar por la acera de enfrente y algo había cambiado. El punk ya no era punk. La cresta tiesa seguía en su sitio. Los cuadros del pantalón pitillo estaban intactos. Hasta la bomber era la de siempre. Pero si todo estaba en orden, ¿por qué ya no le recordaba a los tíos que veía en la Rolling Stone de su primo?

Las gafas, sí, las gafas. El punk llevaba gafas de ver, de ésas feas con monturas de carey y cristales gruesos como las de Don Adolfo. La mirada baja, como disimulando al pasar, le decía que a Pelopincho aquella historia no le hacía ni pizca de gracia. ¡Gafas a un punk! Aunque, pensándolo bien, torres más altas habían caído…

Foto: weheartit.com

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