Fundido a blanco, blanco inmaculado

Una simple sudadera de capucha puede desatar tempestades

Huele a nieve en el jardín y Martín me habla.

Me doy cuenta de que lleva un rato haciéndolo cuando se acerca a mí y chasca los dedos a dos palmos de mi nariz.

“Des-pier-ta”, sonríe, cansado. 

Yo solo acierto a decirle que se ponga la capucha, que hace frío.

“Mamá, la llevo puesta”.

“Para mí serás siempre un niño“.

Foto: weheartit.com

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