Ricitos de oro sale de caza

La venganza se sirve en plato frío

Era un domingo frío de principios de otoño.

Mamá Oso, Papá Oso y Osito habían salido a coger bayas al bosque para hacer luego uno de aquellos pasteles con miel y frutas de chuparse las garras. Recorriendo los senderos forestales, llegaron a una vega donde decidieron sentarse a descansar. Pero su paz se vio interrumpida por la llegada de una forastera. No una liebre o una perdiz. Ni zorro ni hurón, sino una humana. Y, curiosos, se acercaron a olisquearla.

Tardaron en darse cuenta de que en su mano llevaba una pistola con la que les apuntaba.

Malditos humanos, que solo buscaban armar gresca y no entendían nunca nada. Ahora tendrían que atacarle para defender a Osito.

Lo que no contaban es con que Ricitos de Oro cargara un rifle a la espalda.

Foto: weheartit.com

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