Érase una vez un caballero con sombrero

Un caballero se enfrenta a su destino

Ramón Ros inclinó ligeramente la cabeza al tiempo que levantaba el sombrero con la mano derecha en señal de respeto. El doctor le sonrió, reconociéndole, y siguió su camino hacia la casa de los Ochoa, donde la pequeña Delia estaba a punto de venir al mundo.

Las mañanas eran frescas y los transeúntes caminaban a buen paso, no tanto por las prisas sino por dejar atrás aquella niebla húmeda que calaba hasta los huesos. La calle principal era un hervidero de curiosos, comerciantes, recaderos y criadas que pululaban de un local a otro afanándose por cumplir con sus encargos para luego hacer una escapada al café y tomarse un chocolate caliente de aquellos que sanaban el alma.

Y en medio de toda aquella agitación, Ramón Ros se paseaba cavilando mientras acariciaba con el pulgar la tapa del reloj de cadena que llevaba en su chaleco. Parecía todavía temprano para lo que tenía que hacer, por mucho que la espera lo estuviese consumiendo. Sentía el nudo de la corbata como la soga del cadalso, tenso, tan tenso que parecía más obra de un verdugo que suya propia.

Al fin y al cabo, ¿qué era lo peor que podía pasar?

Una repentina ráfaga de viento amenazó con llevarse su sombrero e interrumpió sus pensamientos. Eran las 9.15 de un 15 de noviembre de 1932 y estaba a punto de conocer a su hijo Andrés.

Foto: weheartit.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s