Alta costura 2015 o la enésima reinvención del velo

La pasarela parisina ha recuperado el velo como complemento estrella

Un desfile ha de ser entendido como una gran producción, un ejercicio de teatralidad en el que una marca no solo expone sus creaciones para la nueva temporada, sino que hace una declaración de intenciones. Lo espectacular de la puesta en escena es, pues, su particular forma de dar un golpe sobre la mesa de la moda. No es el corte, la confección, los juegos de texturas o la experimentación con nuevos tejidos lo único que ha de tenerse en cuenta. Ya no.

Cuenta –y mucho- la parafernalia que rodea a las prendas que se presentan.  Y por parafernalia se entiende desde el maquillaje que llevan l@s modelos a sus zapatos, arreglos de peluquería, complementos varios, hasta los elementos decorativos del espacio arquitectónico.

Como si de una gran muñeca rusa se tratase, el espectáculo se orquesta en una serie de niveles semióticos que han de encajar armónicamente. Todo ha de converger para hacer partícipes a l@s espectadores/-as del recorrido de l@s diseñadores/-as hasta dar con la esencia de la nueva colección. El concepto de cada temporada cobra así vida más allá de los patrones. Para los anales quedará ya el normcore entre estanterías de supermercado ideado por Karl Lagerfeld para el desfile de Chanel el pasado otoño.

Para alegría de l@s más puristas, en la Semana de la Moda de París -que abrió el calendario de las grandes citas internacionales a finales de enero- las pasarelas cedieron de nuevo el protagonismo en exclusiva (o casi) a las prendas. Así, hemos asistido a la recuperación del icónico traje de dos piezas de Coco Chanel en blanco y negro con el exquisito punto rebelde de las líneas oblicuas en el frente. Tras la transgresión de la temporada anterior, el otoño-invierno de la maison invita a disfrutar de nuevo de lo clásico tanto en la forma como en el fondo.

Con Karl Lagerfeld parece coincidir Giambattista Valli, ese talento italiano de formación internacional e hijo adoptivo de la pasarela parisina. Sus delicados vestidos con estampados románticos y faldas midi recuperan los volúmenes y las dimensiones de los armarios decimonónicos. En él todo es exuberancia contenida, sin descuidar el terreno de lo experimental de la mano de un sutil juego de faldas y pantalones –que no faldas-pantalón- sobrepuestos. Los tules, el plumeti y la gasa triunfan en un romanticismo que no resulta trasnochado sino reconfortantemente innovador.

Dos visiones, dos universos creativos que coinciden en recuperar el velo femenino y hacer de él el accesorio central de sus colecciones de alta costura. No en vano éste habla de tradición, de clasicismo, de elegancia atemporal: los tres pilares de la moda más exclusiva. Chanel lo integra en sus sombreros pillbox a lo Jackie O. Valli prefiere conjugarlo con maxi lazos que potencian el lado más naïf de sus creaciones. Ninguno de ellos ha dado un salto al vacío apostando por este complemento. No han descubierto la pólvora en forma de accesorio. El velo, al igual que los tocados, es un recurso constante que, al igual que otros imprescindibles como los zapatos de salón y su elegancia simple, terminan convirtiéndose en todo un soplo de aire fresco sobre unas pasarelas a menudo saturadas por la frenética necesidad de innovar. Chanel y Giambattista Valli son una muestra de que a veces para avanzar hay que mirar hacia atrás.

Foto: weheartit.com

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