Pe y Lucas atacan de nuevo

Relato sobre dos estafadores con peculiares alias

Bien podrían haber sido una pareja clásica de las películas de ladrones de serie B, Pe y Lucas. Pero no lo son. Demasiado torpes para Bonnie y Clyde, demasiado enamorados para jugárselo todo sin miedo a nada. Así que se han quedado en dos rateros de poca monta con aires hipster y más remordimientos que otra cosa. Ni se les pasaría por la cabeza ir a lo grande, con pistolas o escopetas. Ni tan siquiera llevan una triste navaja en el bolsillo. Lo suyo es más el timo amable, el que se hace con una sonrisa justo después de haber ido a tomarse el café de la mañana al Starbucks de la esquina.

Usan la línea rápida del supermercado y pulsan a sabiendas el código equivocado. Un quilo de naranjas por el precio de una barra de pan, un paquete de detergente por una caja de cereales. Y así hasta que sus caras empiezan a resultar familiares y les da apuro sonreírle a la pobre supervisora que charla con el de seguridad, confiada.

Entonces se mueven, cambian de barrio. Pe insiste en que cambien de método, Lucas no está del todo de acuerdo. Ha visto en alguna película que cada ladrón ha de tener su toque, la marca de la casa. Ella quiere un televisor nuevo, uno en el que puedan ver bien las series sin tener que jugar con la antena hasta dar con el ángulo afortunado. Lucas no quiere admitirlo, pero está buscando la manera de robarlo. ¿Y si usasen los disfraces del último carnaval de sus hermanos?

Pe y Lucas vuelven a la carretera…

Foto: weheartit.com

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